Dilemas éticos de la globalización enfocados en la comunicación


En este rubro se presentan algunas de las cuestiones éticas planteadas a partir de la
globalización e implantación y uso cada vez más extenso y generalizado de un
conjunto de avances en informática, matemática aplicada y tecnología de


telecomunicaciones que hoy en día se agrupan bajo el término nuevas tecnologías de la
información y la comunicación (TIC). Cabe señalar que, la velocidad que caracteriza su
constante evolución hace que la obsolescencia se convierta en un riesgo inminente que
deberá tomarse en cuenta para cualquier análisis, reflexión o estudio que se lleve a
cabo relacionado a estas tecnologías.

El uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación impactan a la
sociedad, en este sentido Bustamante (n.d) expresa claramente preocupación por los
efectos perniciosos, deshumanizadores, ocasionados por el mal uso de la informática.
Adicionalmente señala que hasta ahora la tecnología se ha considerado como un
conjunto de sofisticados instrumentos (visión instrumentalista). Es decir, como medios
que pueden ser utilizados para diferentes fines. Sin embargo, este autor afirma que la
informática – y, por extensión, las TIC – cobran un poderoso papel como creadoras de
metáforas y modelos para entender al hombre, a la sociedad, y para otorgar nuevos
significados a su acción social.

Actualmente, al menos para una parte significativa de la población en los países
desarrollados, gozan de una serie de comodidades por las que el ser humano ha venido
luchando durante miles de años. Sin embargo, tal como menciona Bustamante (n.d)
cabría preguntarse si somos más dueños de nuestra propia existencia de lo que lo eran
los hombres de otras épocas, o los ciudadanos de sociedades menos privilegiadas por
la gracia del progreso. ¿Somos más sabios que antes, al contar con más información
que ninguna otra generación precedente? Quizá se da aquí la paradoja de que la
avalancha de información no es la solución para superar la ignorancia, justo lo contrario
de lo que ocurre con otras necesidades humanas, que se sacian con una mayor
afluencia de aquello de lo que se carece. En relación a esto Arthur C. Clarke citado en
Bustamante (n.d) expresa la posibilidad de que la simple posesión del conocimiento
científico-técnico no garantice una dimensión humana más profunda, ni una ética que
nos recomiende en qué dirección deben de ir nuestras decisiones.

3.2.4.1 Tareas pendientes de la ética y la tecnología


De acuerdo a Bustamante (n.d) existen al menos dos tareas pendientes de la ética y la
tecnología:


. Aún no se ha abordado la definición de marcos conceptuales que permitan
mejorar la comprensión de los problemas éticos en que la tecnología está
implicada. Ejemplo de ello son las biotecnologías, las tecnologías reproductivas y
el Proyecto Genoma Humano en particular, a través del cual se amplía la
posibilidad de intervención del ser humano sobre sus propias características
genéticas, creando así un poder de autotransformación de la especie. Aquí el
tratamiento automático de la información genética da a la acción humana un
extraordinario alcance, para cuyo control responsable se precisa un nuevo marco
ético.
. La identificación de aquellas áreas en las que la relación entre seres humanos y
artefactos es esencialmente problemática, en algunos casos, debido a que el
ordenador crea nuevas posibilidades de acción, o cuando los modelos y
metáforas extraídos del mismo perfilan nuestra experiencia del mundo. En
ambos casos tendríamos que hacer frente a la emergencia de nuevos valores
sociales y nuevos patrones de comportamiento social.


.También se corre el riesgo de pasar por alto los verdaderos cambios que las TIC
causan en nuestras vidas, tan inmateriales como el núcleo mismo de la transformación
social: la información. El detonante de estos impactos es la profunda asincronía
existente entre un ritmo de innovación tecnológica con una tasa exponencial de
crecimiento y la capacidad humana de asimilación, de reflexión, de comprensión de las
nuevas situaciones y adaptación a ellas mediante la creación de nuevos valores,
normas y estilos de vida renovados, que crece en proporción aritmética -- si es que
crece. Esta asincronía provoca una divergencia cada vez mayor entre el entorno de la
información, que evoluciona tan rápidamente, y la adecuación de las respuestas vitales
de los individuos, al quedar obsoletos tanto los sistemas normativos como las
estructuras educativas. Esta anomia permanente será una característica fundamental
de la sociedad de la información, acompañada quizá de un nuevo escepticismo.
(Bustamante, n.d). Esta actitud escéptica nacería de dos factores:


. En primer lugar, la multiplicidad y fragmentación de las fuentes de información,
ofreciendo frecuentemente descripciones o interpretaciones contrapuestas de un
mismo hecho.
. En segundo lugar, la volatilidad de dichos medios, la velocidad con que nuevas
empresas mediáticas nacen y mueren y en algunos casos su carácter
meramente empresarial.


Todo ello hará cada vez más difícil la creación de una historia de experiencia en la cual
se fundamente la credibilidad de los medios de información por parte de los
ciudadanos.

Otro fenómeno tecnológico que debemos considerar es la aparición de lo que llamamos
la realidad virtual. Ésta crea un nuevo espacio de actuación y de percepción, una
realidad transformada por el ordenador que puede hacer que acabemos olvidando
cómo digerir la realidad cruda. Y que adicionalmente es capaz de generar más
emociones que las experiencias vividas cotidianamente.

3.2.4.2 La tecnología como creadora de amores (ciberfilias), miedos y fobias

(Ciberfobias)


En fechas recientes se han realizado diversos estudios y se ha demostrado la
influencia de la informática en diferentes áreas de la actividad humana. Como ya se ha
mencionado, el ordenador es un instrumento que, entre otras cosas, crea metáforas y
modelos, es un diseñador de actitudes dado que afecta a la disposición psicológica de
aquellos que lo usan, a su autoimagen, creencias, motivaciones, expectativas etc. por
tanto representa un reto particular a una serie de valores humanos fundamentales.

Como en todas las épocas, las personas tienen diferentes actitudes y sentimientos
hacia la tecnología, algunos la aman y otros le temen o la desprecian. Es así que en el
ámbito de la informática surgen los términos ciberfilias y ciberfobias. A continuación se
describen brevemente ambos conceptos.

Ciberfilias. Existen personas que incorporan el ordenador u otro tipo de aparatos afines,
como elementos integrantes e indispensables de sus vidas. Un ejemplo de estas
personas son los llamados hackers (piratas o fanáticos de la informática, según se


mire), haciendo del ordenador extensión insoslayable de su trabajo intelectual y
mediador de su comunicación y relación con el mundo exterior. Las ciberfilias también
se manifiestan, cuando por ejemplo, en el ámbito de la educación se piensa que por el
sólo hecho de introducir computadoras en las escuelas supone de forma automática
aumentar la calidad de la enseñanza. Otro ejemplo de ciberfilia se presenta cuando
existe confianza ciega en los datos e información ofrecidos por dispositivos de todo tipo
que incorporan microprocesadores. En este último rubro vale la pena mencionar que
una de las versiones del procesador Pentium 66 Mhz realizaba cálculos erróneos por
culpa de un fallo de diseño en la unidad de coma flotante. Un matemático lo descubrió
cuando jugaba con su ordenador. Nadie se había planteado seriamente que dicho fallo
podría existir. Quizá la propia empresa conocía dicho defecto, pero no quiso hacerlo
público por razones de imagen.

Cibefobias. Se define como un persistente, anormal e injustificado miedo a los
ordenadores y a trabajar con ellos. Este término fue acuñado en 1985 para expresas
temor o ansiedad hacia las nuevas tecnologías en computación. Algunos autores
afirman que es un estado de de ánimo de odio hacia la informática. En este sentido,
diversos grupos sociales están temerosos sobre el papel que la tecnología puede llegar
a la jugar en la sociedad. Cabe destacar que esta ansiedad por las máquinas no es un
fenómeno reciente, dado que a lo largo de la historia existen evidencias de la continua
guerra del hombre en contra de las máquinas, porque se piensa que ésta aparece
como un agente deshumanizador que ataca la imagen y la confianza que el ser humano
tiene de sí mismo.

Bustamante (n.d) afirma que el ordenador es mucho más que una simple herramienta y
ésta es una de las razones por las que las distintas fobias relacionadas con la
tecnología, en general, y los ordenadores, en particular, no deben verse como
patologías individuales, sino como procesos culturales y expresión de la forma en que
ciertos modelos y metáforas creados en el ámbito de la ciencia y la tecnología pasan a
formar parte de la ingeniería popular.



3.2.4.3 Tecnología y libertad humana

La descripción de la informatización como búsqueda de una eficacia totalizadora
plantea nuevas cuestiones acerca de la relación entre la acción tecnológica-eficiente y
la acción plenamente humana, dada la conexión aún por explorar entre eficiencia
técnica y libertad humana. Por definición, la búsqueda a ultranza de la eficacia supone
una limitación para la libertad humana. Cuando una cierta tarea puede definirse de
forma algorítmica, siempre hay una solución óptima que se obtiene por cálculo a partir
de una serie de premisas y de unas reglas lógicas. Dicha solución sería única, y
marcaría los pasos a dar para completar la tarea maximizando el criterio de eficacia.
Por lo tanto, las formas alternativas de ejecución serían infravaloradas con respecto a la
solución técnica, acotando así el ámbito de acción racional.

Los valores humanos no son fácilmente cuantificables, y por tanto no son susceptibles
de actuar como criterio a maximizar dentro de la lógica tecnológica.

Actualmente en las ciencias del management y la administración existen algunas
herramientas novedosas para la toma de decisiones racionales, por ejemplo la
investigación de operaciones y la programación lineal que se basan en un conocimiento
objetivo y en el cálculo científico de evaluación de alternativas posibles. Con estas y
otras técnicas de eliminación de la indeterminación en el funcionamiento del sistema, se
refuerza la fiabilidad y la eficacia de la organización, aumentando la predictibilidad de
los resultados.

El desarrollo y uso continuo de herramientas, mecanismos y procedimientos
informáticos produce una tendencia hacia una intervención más intensa y profunda de
la informática en los asuntos humanos, dando origen a una sociedad digital.

El término sociedad digital ha sido sin duda una forma brillante de definir el nuevo
entorno vital en las sociedades tecnológicamente avanzadas, especialmente por el
juego de palabras al que da lugar su paradójico significado. Efectivamente, la sociedad
digital parece ser aquel nivel de desarrollo social donde la informática basada en la
lógica binaria juega un papel paradigmático y definidor a través de procedimientos
regulados según su lógica binaria, lo cual también se extrapola a todos los niveles de la
vida cotidiana. Sin embargo, también es interesante referirse a la misma como aquella


sociedad en la que lo que realmente cuenta es el dedo, y no el cerebro. Donde la
acción física sobre el mundo pasa a ser sustituida por la mística del mando a distancia,
que permite ejercer un poder sobre los objetos tecnológicos sin necesidad de tocarlos
o, al menos, con sólo apretar un botón. Donde el poder mundial está simbolizado por el
botón nuclear, y la gloria que la historia siempre ha reservado por extrañas razones a
los guerreros, se otorga hoy en día a aquél cuyo dedo se asocia a dicho botón.

En otros términos, nos encontramos frente al riesgo de una sociedad que se vacuna
contra la necesidad de un sólido criterio de la responsabilidad ética al aumentar la
distancia efectiva entre el agente y el objeto de la acción intencional. Con la informática
aplicada al arte de la guerra, el sentimiento de responsabilidad moral, inversamente
proporcional a la distancia y al poder que la tecnología pone en nuestras manos,
alcanza un punto grotesco en el que la humanidad puede desaparecer simplemente por
el poder de un gesto, por la acción de apretar un botón por parte de aquellos que
ostentan el poder digital.

3.2.4.4 Consecuencias éticas de la metáfora del computador


La tecnología no cobra relevancia sólo desde su consideración instrumental, sino
también en su papel de creadora de metáforas y modelos para definir conceptos
básicamente humanos. En este sentido la famosa metáfora del computador adquiere
una relevancia especial cuando se aplica al terreno de la toma de decisiones. El
ordenador aparece en escena no sólo como el instrumento, sino como el paradigma
ideal para la toma de decisiones al ser rápido, fiable, capaz de absorber y manejar gran
cantidad de información que digiere y transforma sin esfuerzo. No sólo se utiliza para
potenciar este proceso, sino que es además una herramienta que expande y amplifica
la capacidad intelectual humana, delimitando a su vez el área de problemas que
pueden ser racionalmente tratados, redefiniendo y recortando la noción misma de
problema. Sólo aquello que es susceptible de ser tratado de forma numérica o
simbólica, en términos de valores discretos, cuantitativamente, aquello que arroja una
solución óptima única en un número finito de pasos, con una entrada de datos también
definibles en forma numérica o simbólica, puede ser definido como problema.


De tal manera que aquellas cuestiones que no aceptan tal reducción, bien en función
del carácter de la particular capacidad de juicio necesario para tomar una decisión
correcta, o bien en función del tipo de datos necesarios -- como es el caso de los
discursos de alta riqueza semántica propios de la poesía, ética y las diversas
modulaciones de la filosofía --, son calificados de pseudo-problemas. Los problemas se
resuelven; los pseudo-problemas, se disuelven, según el famoso aforismo de la filosofía
analítica terapéutica. Todo ello tiene su justificación en el tipo de refrendo que el
pensamiento algorítmico ofrece frente al pensamiento integrador humano: la solución
algorítmica se presenta a sí misma como reproducible, intercambiable, previsible, fiable,
consistente, acorde a reglas que pueden explicitarse y analizarse, carente de prejuicios,
desapasionada, neutral y científica.

Cuando un problema es definible en términos algorítmicos, puede aplicarse el
ordenador como instrumento o cualquiera de sus metodologías asociadas para su
resolución. Sin embargo, cuando un problema no es resoluble en términos algorítmicos,
como es el caso de los problemas ético-sociales, se aplica directamente, con toda su
fuerza explicativa, la metáfora del ordenador. El conflicto social queda reducido a un
problema de comunicación entre componentes discretos de un gran sistema
cibernético-social. Los elementos culturales diferenciadores son eliminados en nombre
de una lógica de la eficacia que convierte al planeta en un gran mercado único.

En definitiva, la voluntad de control, de dominio, de definición de nuevos espacios de
mercantilización de la vida humana se ha vuelto más poderosa, imperiosa y urgente
que la necesidad de comprender, de interpretar la realidad, y dicha voluntad supone un
afán de conquista que aplasta en su camino todo lo que no entiende o no tiene medios
para utilizar en su autónomo beneficio. Quizá no se consiga una sociedad más ética
con la simple promoción de nuevos sistemas sociotécnicos o tecnocientíficos, sino con
un conjunto de metáforas de identidad del ser humano y de acción más allá de la
ciencia y la tecnología. Siguiendo el viejo lema de la mancha de mora, con mora verde
se quita, parece que todos los problemas creados por la tecnología tienen su solución
en el empleo de nuevas formas y medios tecnológicos.


En una sociedad entendida según el modelo de una tecnología ajena a las grandes
cuestiones éticas, donde la sincronía y funcionalidad de todos y cada uno de los
componentes son factores esenciales para su correcto funcionamiento, queda cada vez
menos espacio para el ser humano y sus características esenciales: la pasión, la
esperanza, la falibilidad, el dolor, entre otras.

3.2.4.5 La parte amable de la cuestión: internet como base de una ética de la

solidaridad


A pesar de todo, es curioso pensar que nuevos riesgos suponen también nuevas
oportunidades. Este es el caso de las así llamadas autopistas de la información.
Internet tiene la potencialidad de convertirse en una de las estructuras sociales más
democráticas y participativas que las nuevas tecnologías de la comunicación hayan
traído. También es posible que en esta nueva esfera de comunicación y realidad se
esté librando una de las batallas fundamentales por la libertad de expresión.

Regímenes dictatoriales y países donde las libertades fundamentales quedan
frecuentemente entre paréntesis, muestran un creciente celo por restringir e incluso
prohibir la libre circulación de información a través de internet. Los regímenes
democráticos también han percibido que Internet es uno de los foros públicos donde el
alcance del poder horizontal de los ciudadanos es mayor, donde los intereses de los
actores sociales que han monopolizado habitualmente el acceso a los medios de
comunicación e información (empresas, editoriales, televisiones, etc) pueden quedar
más en entredicho, e intentan actuar en consecuencia. En este caso no nos
encontramos con medidas abiertamente contrarias al derecho a la libre expresión de las
ideas, pero sí con campañas de sensibilización social sobre una serie de conductas
delictivas llevadas a cabo a través de Internet (pornografía infantil, propaganda racista,
apología del terrorismo y la violencia, entre otros) que parecen pedir a gritos la censura
previa y la catalogación de los contenidos de las páginas Web en supuesta defensa de
los valores morales. En el fondo, resulta interesante la influencia de la tecnología en el
mundo de la cultura, y cómo la tecnología puede dotar de significado a un conjunto de
principios que acabarían siendo poco más que una buena declaración de intenciones.
Esta relación entre tecnología y valores humanos será explorada a continuación.


Por el hecho de ser Internet una infraestructura técnica orientada a proporcionar una
cobertura de comunicación barata, horizontal y de ámbito global, las libertades de
pensamiento, credo y expresión no sólo deben aplicarse en toda su extensión a las
actividades personales que se llevan a cabo en la red, sino que cobran aquí una
relevancia que no aparece en los medios tradicionales de comunicación. Teóricamente
cualquiera puede exponer sus opiniones a través de estos medios. En la práctica, sólo
los grandes grupos de la comunicación y aquellos que componen los variados
mecanismos del poder social tienen la posibilidad real de hacer oír su voz. Por el
contrario, en Internet muy pocos medios son suficientes para comunicar un mensaje,
para hacerlo llegar a todos los rincones del globo. Cualquiera puede crear sus páginas
Web, participar activamente en foros de discusión, enviar y recibir mensajes de correo
electrónico a un costo prácticamente nulo. En la red, cualquier ciudadano se convierte
en emisor y receptor a un tiempo, y la interactividad y la participación se agrupan como
las reglas básicas del juego. Todas estas característica son ajenas a los medios
tradicionales. Sin una pluralidad de fuentes no se puede hablar de libertad de
pensamiento, conciencia o religión. Sin acceso a medios de alcance internacional no
tiene sentido hablar de libertad de opinión y de difusión de las mismas sin limitación de
fronteras.

La red aparece así como uno de los escenarios donde se dirime una de las más
decisivas batallas por la libertad de expresión y, por ende, por los derechos humanos
en general. Veremos cómo se llevan a cabo políticas restrictivas de las libertades
mencionadas que inciden directamente sobre Internet y los derechos de proveedores y
usuarios.

Aquí surge otra nueva dimensión de la relación entre ética y tecnología: Cercenando el
acceso y libre uso de la tecnología se apunta directamente a la libertad de opinión y
expresión. Por ejemplo, en la antigua Unión Soviética era preceptivo enviar al ministerio
correspondiente una prueba de impresión de las máquinas de escribir e impresoras que
se utilizaran en el país. De esta forma el Estado podía identificar fácilmente el origen de
un texto subversivo mecanografiado, o el de un texto fotocopiado. Esta "huella digital"
de estas máquinas componía un fichero tan infame como un catálogo de presos
políticos. La prohibición de antenas parabólicas para la recepción de emisiones


extranjeras de televisión vía satélite en algunos países islámicos integristas también
son muestra del miedo a que la tecnología sea vehículo de transmisión de ideas que
pueden hacer tambalear las conciencias, que pueden poner en cuestión el credo y las
opiniones oficiales.

En los últimos años se ha podido ver cómo el interés regulador de la libertad de
expresión por parte de los gobiernos se ha centrado también en Internet. En regímenes
dictatoriales o de libertades restringidas se intenta censurar el acceso a la Red con la
excusa de la defensa de los valores culturales frente al modelo de vida occidental. En
muchos casos, el envío de correo electrónico al extranjero o la consulta de páginas
Web no autorizadas trae consigo fuertes penas o cárcel. En los regímenes
democráticos – es decir, aquellos que siguen el modelo de democracia occidental –
contamos con actividades monopolísticas en la Red, intentos gubernamentales de
clasificación y filtrado de contenidos, campañas pro censura u orientadas a la creación
de alarma social y el flujo transfonterizo de información. Quizá uno de los problemas
que más puedan afectar a la nueva configuración ética de la sociedad es la indistinción
entre contenidos ilegales y contenidos inadecuados. En nombre de la protección, por
ejemplo, de la infancia, se propugnan mecanismos que restrinjan el acceso a ciertas
páginas Web de contenido inadecuado (pornografía, material para adultos, etc.) El
problema está en que esta operación precisa un sistema de clasificación de contenidos,
lo que en la práctica resulta inviable dado el enorme crecimiento del número de páginas
Web y la diversidad de categorías que presentan. Al final, los filtros de clasificación
acaban prohibiendo el acceso a sitios Internet que no tienen nada que ver con
información sensible.

Se podría hacer un catálogo de problemas éticos relacionados con Internet. El acceso a
Internet y su uso como vehículo de transmisión de ideas y de comunicación personal va
sin duda a establecer nuevos criterios de diferenciación social. Individuos, empresas,
colectivos sociales que no tengan acceso por razones económicas, técnicas o de
rechazo psicológico, se encontrarán en una posición precaria a la hora de definir su
presente y su futuro. También el nuevo marco técnico marca una nueva frontera entre
el comportamiento aceptable y el inaceptable en la sociedad telemática. Se redefinen
los viejos enemigos, y así el revolucionario de ayer es el hacker de hoy. Ya que es


posible crear el caos con un módem y un computador, es más que probable que el
terrorismo acabe cobrando formas mucho más sutiles y peligrosas, más invisibles
aunque no por ello menos dañinas para la sociedad. El terrorismo tradicional dejará
paso a un terrorismo electrónico que puede paralizar los sistemas vitales de un país,
alterando los registros de las cuentas bancarias, las fichas de los pacientes en la
Seguridad Social, los sistemas de regulación de tráfico aéreo y terrestre, etc.

En la actualidad contamos con nuevas vías de acceso a la información que permiten un
máximo alcance con una mínima inversión. Estos cambios traen consigo nuevas
oportunidades de control social horizontal y participación ciudadana, en pro de una
mayor transparencia social. Sin embargo, una consecuencia directa será la amenaza al
concepto de fronteras nacionales y la creación de comunidades electrónicas.

Paralelamente a la aparición del terrorismo electrónico, la guerra de la información
sustituye a la guerra fría, y se producirá también lo que podríamos llamar efecto Exocet,
según el cual un arma de muy bajo costo (en este caso, un virus informático) puede
cargarse a otra mucha más poderosa (un sistema de detección o lanzamiento de
misiles).

Con la globalización las barreras proteccionistas caen, el intercambio es aparentemente
libre y total. Sin embargo, los flujos que componen dichos intercambios no caminan en
todas direcciones en la misma medida. Existe el riesgo de que los colectivos que
producen información y los que sólo reciben información acaben distanciándose cada
vez más, de tal forma que nunca se lleve adelante la promesa de un mundo en el que
todos tendríamos voz. Las posibilidades son tantas que una nueva ética reclama una
protección más imaginativa de la sociedad y de los derechos de los individuos. De
hecho, la propia tecnología demanda una protección más global de la libertad de
expresión y una redistribución del poder que, por una vez en la historia, podría ser a
favor del individuo.


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